martes, 19 de marzo de 2013

Oración a San Miguel Arcángel el gran vencedor


San Miguel Arcángel, ubicado en el Museo Monseñor Juan Sinforiano Bogarín, Asunción, Paraguay
Arcángel san Miguel: Tu eres el soldado de Dios. Tu eres el que declara la guerra al dragón y el que lo vence. El dragón es el que extravía seduciendo al mundo entero, el que engaña y confunde.
Desde el primer día de la creación el enemigo de Dios ha intentado convencer al hombre de que no es necesario, de que no es bueno escuchar su voz. Quien la desoye y no la sigue, no sólo no muere, sino que llega a ser como Él, poderoso conocedor del bien y del mal. Lo propio del enemigo de Dios es seducir, engañar, extraviar y confundir.
Arcángel san Miguel: Tu eres el vencedor porque enseñas que nadie como Dios muestra y da al hombre el camino de la vida y la vida misma, la luz de la verdad y la verdad misma. Oyendo y siguiendo a Dios se alcanza la verdad, y la vida y la alegría. El acusador de nuestros hermanos ha sido vencido con la sangre del cordero y con la palabra del testimonio que dieron.
Arcángel san Miguel: Vivimos en una sociedad y una cultura que ha alcanzado niveles muy importantes y muy positivos de desarrollo en muchos órdenes. En nuestra cultura se han puesto de relieve valores y orientaciones que realmente defienden al hombre y por ello construyen un mundo nuevo y mejor.
Pero también hemos perdido las referencias básicas en muchos temas, una pérdida que nos impide o nos hace difícil reconocer que hay un mal, del que necesitamos ser salvados; que no todos los caminos posibles llegan a buen puerto, que hay realmente caminos errados, que no deberíamos iniciar, y que podemos y debemos reconducir.
En nuestra sociedad dominada por el relativismo no hay demasiado sitio para la justicia y la paz y en definitiva para el bien del hombre. Tu eres soldado de Dios. Tu llevas a Dios a los hombres, abres el cielo y así abres la tierra. Precisamente porque estás en la presencia de Dios, puedes estar también muy cerca del hombre.
Como ángel de Dios hablas al hombre de lo que constituye su verdadero ser, de lo que en su vida con mucha frecuencia está encubierto y sepultado. Tu invitas al hombre a volver a entrar en sí mismo, tocándolo de parte de Dios.
Arcángel san Miguel: Concédenos a nosotros, los seres humanos, convertirnos continuamente en ángeles los unos para los otros, ángeles que nos apartemos de los caminos equivocados y nos orientemos siempre de nuevo hacia Dios.
Arcángel san Miguel: Tu que eres un orante, intercede por los hombres ante Dios. Que nos convirtamos para nuestros hermanos en un ángel, un mensajero de Dios, que nos ayude a encontrar nuestra verdadera naturaleza, a encontrarnos a nosotros mismos, y a vivir la idea que Dios tiene y desea de nosotros.
Tu defiendes la causa de la unicidad de Dios contra la presunción del dragón, de la serpiente antigua. Esta serpiente intenta continuamente hacernos creer a los hombres que Dios debe desaparecer de nuestra historia para que podamos llegar a ser grandes; que Dios obstaculiza nuestra libertad y que por eso debemos desembarazarnos de Él.
Pero el dragón no sólo acusa a Dios. Quien intenta apartarnos de Dios, no hace grande al hombre, sino que nos quita nuestra dignidad. Entonces el hombre se transforma en un producto defectuoso de la evolución.
Quien acusa a Dios, acusa también al hombre. La fe en Dios defiende al hombre en todas sus debilidades e insuficiencias: El esplendor de Dios brilla en cada persona.
Arcángel san Miguel: Tu eres el protector del pueblo de Dios. Ayúdanos a ser cada día ángeles custodios de nuestros prójimos. Que nuestra vida ayude a nuestros hermanos de peregrinación a encontrar la alegría en la fe, a acoger el bien y rechazar el mal, a seguir siendo y a ser cada vez más, en virtud de la esperanza de la fe,
personas que aman en comunión con el Dios-Amor. Amén.
Autor: Sacerdote-periodista Antonio Díaz Tortajada

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