sábado, 1 de diciembre de 2012

San Eloy



San Eloy nació en el año 588 en Limoges (Francia), debido a las grandes cualidades que desarrolló desde muy joven, a la enorme habilidad de sus manos y a la capacidad para imaginar el arte y saber representarlo, aprendió el oficio de la platería en una época en la que los metales se tenían que martillear para conseguir el trabajo deseado,  llegando a ser el más famoso orfebre de Francia en el siglo VII. Su padre que también era un artista es esto de tratar con el oro y la plata se dio cuenta de las cualidades de Eloy y lo encomendó a Abon, que ejercía como encargado de la fábrica de monedas en Limoges, para que aprendiera de él el oficio de la orfebrería. Cuando consideraron que ya había aprendido lo suficiente, se marchó a París, donde entabló amistad con el tesorero del Rey Clotario II.
            No tardaría en encomendarle un trabajo el Rey a Eloy, pues ya le habían llegado noticias de la fama y del buen trabajo que éste estaba realizando. Clotario le pidió a Eloy que le realizara un trono de oro y piedras preciosas y le entregó tanto material para realizar el trabajo que Eloy le entregó a su Rey dos tronos de tal belleza que el propio Rey quedó admirado, no sólo de su habilidad, su trabajo y su buen hacer, sino de la inteligencia y de la honradez de Eloy.
Desde ese momento el Rey lo nombró Jefe de la casa de la moneda y fue descubriendo en él todos los entresijos de su personalidad profundamente cristiana, porque Eloy era honrado, piadoso, caritativo, justo…
            Entre las obras que fabricó Eloy cabe destacar los relicarios realizados para San Martín, San Dionisio, San Quintín, Santa Genoveva y San Germán. Estos trabajos realizados para estos destacados Santos, influyó decisivamente en sus sentimientos, ya de por sí, profundamente cristianos, y decidió no dejarse influenciar por las costumbres materialistas y mundanas de la corte y dedicarse a ayudar a los más necesitados, de hecho, se comentaba que cuando alguien preguntaba donde vivía Eloy sus vecinos le contestaban: “siga por esta calle y donde se encuentre con una casa rodeada de pedigüeños y pobres, allí vive Eloy”. Se dedicó Eloy desde entonces a ayudar a todos los esclavos que pudiera y el dinero que ganaba con su trabajo lo invertía en tratar de comprar su libertad. Algunos de ellos permanecieron a su lado después de su liberación.
            Cierto día El Rey, Clotario II, le pidió a Eloy que le jurara fidelidad, como un empleado más, pero él se negó aduciendo que había leído que Cristo recomendaba que no se jurara por nada, además temía que tras el juramento el Rey comenzara a encargarle trabajos que fueran contra su consciencia. Al monarca no le sentó nada bien la actitud de Eloy pero conociendo sus convicciones cristianas, olvidó el desagravio con el convencimiento de que Eloy nunca fallaría a su Rey, incluso, sin realizar dicho juramento.
            El Rey Dagoberto, hijo de Clotario, observó que Eloy se retiraba del gentío para orar y meditar en cuanto tenía ocasión y como agradecimiento a los servicios prestados a su padre de regaló unos terrenos en Limousin, donde construyó un Monasterio para hombres. Más tarde se le concedió otro terreno en París donde construyó otro Monasterio para mujeres. A los religiosos de los conventos les enseñaba el oficio de la orfebrería.
            Al cercar el terreno que le habían donado en París, por error, se apropió de unos metros más de los concedidos y Eloy cuando se dio cuenta corrió hasta el Rey para pedirle perdón, el Rey quedó asombrado de las nuevas muestras de honradez de Eloy, diciendo: “Otros me roban kilómetros de terreno y no se les da nada. En cambio este buen hombre viene a pedirme perdón por unos pocos metros que se le fueron de más”.
            Tres generaciones de monarcas de Francia, Clotario II, su hijo Dagoberto y su nieto Clovis II, lo tuvieron como orfebre de la corte y Dagoberto lo nombró embajador de Francia para solucionar los problemas bélicos que tenía con el Conde de Bretaña con quien consiguió la paz. Fue elegido Obispo de Rouen, donde se dedicó por entero a la conversión de la mayoría pagana de la ciudad al cristianismo, bautizando a centenares de ellos el día de Pascua de cada año.
            Se conservan 15 sermones de San Eloy en los que atacaba duramente la superstición, la creencia en maleficios, sales, lecturas de carta o de la mano y recomendando por el contrario dedicar mucho tiempo a la oración, asistir a la Santa Misa y Comulgar, rezar frecuentemente el Credo y el Padrenuestro, hacer la Señal de la Cruz a diario y tener una gran devoción a los Santos. Insistía en la Santificación de las Fiestas, en asistir a Misa cada Domingo y en descansar siempre en el Día del Señor, prohibiendo incluso trabajar más de dos horas los domingos y festivos.
            Tras la muerte del Obispo de Noyon y de Tournay, tanto el pueblo como el Rey Clovis quisieron que su sustituto fuera San Eloy, al que casi hubo que forzar a aceptar el cargo, pero finalmente fue ordenado sacerdote y consagrado obispo y dedicó su vida pastoral a predicar el Evangelio contra la idolatría pagana y los vicios y pecados de los feligreses cristianos y participó en el Concilio de Chalons-sur-Seine de 644.
            A los diecinueve años de su obispado, supo por revelación divina que se acercaba su muerte, cosa que comunicó a su clero y convocando al personal de su casa se despidió de ellos, agradecido y prometiéndoles que rezaría por ellos. El día 1 de Diciembre de 660 falleció por unas fiebres altas con la tranquilidad de quien ha dedicado su vida a hacer el bien y a amar a Dios.



Nacimiento 588 en Limoges, Francia
Fallecimiento 1 de Diciembre de 660, Noyon, Francia
Festividad 1 de  Diciembre
    Patronazgo De los orfebres, de los plateros, de los joyeros, de los metalurgios y de los herradores.


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