lunes, 24 de diciembre de 2012

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA



MODELOS DE ORACIONES DE CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA


CONSAGRACIÓN PARA LA TRIUNFANTE VICTORIA
DEL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
(El que debe hacerse el día de la Consagración)

En este despertar del amanecer de tu Triunfo, Yo, tu hijo, unido en la respuesta a tu llamado maternal, hago mi promesa de consagración a tu Inmaculado Corazón, participando así en tu Triunfo.

Te ruego, querida Madre, que me lleves en tus manos maternales para ser presentado a Dios Padre en el Cielo y ser así escogido y colocado al servicio de tu Hijo en forma especial, al aceptar los sacrificios del Triunfo de tu Inmaculado Corazón.

En este solemne acto yo me consagro a tu Inmaculado Corazón. Yo, como tu hijo, te ofrezco mi Sí al unísono con el tuyo propio; te ruego que sea fortificado y permanezca fuerte hasta el final de esta batalla por la culminación de las promesas que hiciste en Fátima: la conversión de Rusia, la tierra de tu más grande victoria, y por medio de la cual vendrá la conversión del mundo entero y el reinado de la paz global.

Reina de los Apóstoles, Corredentora, guíame en medio de la oscuridad de este tiempo, en el que los rayos de tu amanecer vienen a dar luz a mi horizonte. Con el refugio de tu Inmaculado Corazón como mi faro, mándame a los campos de batalla con tu espada de la verdad y con la coraza de la virtud, para ser su reflejo. Con este acto de consagración quiero vivir contigo, por medio de Ti, todos los compromisos asumidos en mi consagración bautismal.

Me comprometo a realizar en mí la conversión interior requerida por el evangelio, que me libre de todo apego a mí mismo, de los fáciles compromisos con el mundo, para estar como Tú, sólo disponible para hacer siempre la voluntad del Padre. Quiero confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, mi existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ella para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo.

Me comprometo a vivirla según tus deseos, con un renovado espíritu de oración y de penitencia; con la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y en el apostolado, me comprometo a rezar el Rosario diariamente; me comprometo a un austero modo de vida conforme al Evangelio y me comprometo a ser un buen ejemplo para los demás en la observancia de la ley de Dios, en el ejercicio de las virtudes cristianas y en especial de la caridad, la humildad y la pureza de la infinita misericordia y amor de Dios Padre.

Prometo, Madre mía, la fidelidad a nuestro Santo Padre el Papa como el divino representante de Cristo entre nosotros. Que esta Consagración le dé a Él la unidad de nuestros corazones, mentes y almas: llevar a una realidad el Triunfo de Tu Inmaculado Corazón, para que pueda descender sobre la tierra bajo su pontificado.

Como un apóstol de tu Triunfo, te prometo, Madre, ser testigo de la divina presencia de tu Hijo en la Sagrada Eucaristía, la fuerza unificante de tu poderoso ejército. Que encuentre convicción, confianza en el único centro de unidad que es el Santísimo Sacramento. «Que sea creada por Él en mí un alma de perfección». Ruego que Su reflejo brille sobre todo el mundo y sobre todos los hombres. Oh Santísima Virgen de Pureza, Mediadora de todas las gracias celestiales, habita en mi corazón, trae contigo a tu Esposo, el Espíritu Santo; así mi consagración será fructífera por medio de los regalos, gracias y dones infundidos por Su llegada. Con el poder de Su presencia permaneceré firme en confianza, fuerte y persistente en la oración y entregado en total abandono a Dios Padre.

Que el Espíritu Santo se manifieste sobre el mundo como un murmullo de oraciones a través de la unión de corazones. Yo, (Nombre), tu hijo(a), en presencia de todos los ángeles de tu Triunfo, de todos los Santos del Cielo y en unión con la Santa Madre Iglesia, renuevo en las manos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, los votos de mi Bautismo.

• ofrezco, querida Madre, todo mi pasado, mi presente y mi futuro, las alegrías y las tristezas, las oraciones y los sacrificios, todo lo que soy y todo lo que tengo y todo lo que el Padre moldeará en mí.

• doy, Madre, mi amor y compromiso para que siempre estemos unidos en el SI de la eternidad y en las profundidades de tu Triunfante Inmaculado Corazón. Colócame en tu Corazón Inmaculado y cúbreme con tu manto.
Amén

CONSAGRACIÓN AL INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA
(Tradicional de San Luis Grignón de Montfort)

Yo, pecador infiel, renuevo y ratifico hoy en tus manos, Oh madre Inmaculada, los votos de mi bautismo.

Renuncio a Satanás, a todas sus presunciones y a sus obras, y me entrego enteramente a Jesucristo, la Sabiduría Encarnada, para llevar mi cruz siguiendo sus pasos, todos los días de mi vida, y serle fiel de ahora en adelante.

En presencia de la Corte Celestial, te escojo en este día como mi Madre y Señora. Me consagro a tu Corazón Inmaculado y te entrego, como esclavo, mi cuerpo, mi mente y mi alma; todos mis bienes, tanto interiores como exteriores; y aún el mérito de todas mis buenas obras pasadas, presentes y futuras. Particularmente te consagro a mi familia, otorgándote todo el derecho de disponer de mí y de todo lo que me pertenece según sea de tu agrado, para la mayor gloria de Dios en el tiempo y la eternidad.

CONSAGRACIÓN CORTA TRADICIONAL


Oh Señora mía, Oh Madre mía. Yo me entrego del todo a
Ti. Y en prueba de mi filial afecto te consagro desde este día mis ojos, mis oídos, mi lengua, mi corazón, en una palabra: todo mi ser.

Y ya que soy tuyo, Oh Madre de Bondad, protégeme y defiéndeme, como hijo y posesión tuya, Amén

ACTO DE CONSAGRACIÓN AL CORAZÓN INMACULADO DE MARIA
(Movimiento Sacerdotal Mariano)

Virgen de Fátima, Madre de Misericordia, Reina del Cielo y de la Tierra, refugio de los pecadores, nosotros, adhiriéndonos al Movimiento Mariano, nos consagramos de modo especialísimo a tu Corazón Inmaculado.

Con este acto de consagración queremos vivir Contigo y por medio de Ti todos los compromisos asumidos con nuestra consagración bautismal. Nos comprometemos también, a realizar en nosotros aquella interior conversión tan requerida por el Evangelio, que nos libre de todo apego a nosotros mismos y a los fáciles compromisos con el mundo, para estar, como Tú, siempre dispuestos a cumplir sólo la Voluntad del Padre.

Y mientras queremos confiarte, Madre dulcísima y misericordiosa, nuestra existencia y vocación cristiana, para que Tú dispongas de ella para tus designios de salvación en esta hora decisiva que pesa sobre el mundo; nos comprometemos a vivirla según Tus deseos particularmente en cuanto se refiere a un renovado espíritu de oración y de penitencia, a la participación fervorosa en la celebración de la Eucaristía y al apostolado, al rezo diario del Santo Rosario y a un austero modo de vida, conforme al Evangelio, que sirva a todos de buen ejemplo en la observancia de la Ley de Dios y en el ejercicio de las virtudes cristianas, especialmente de la pureza.

Te prometemos también estar unidos al Santo Padre, a la Jerarquía y a nuestros Sacerdotes, para oponer así una barrera al proceso de oposición al Magisterio que amenaza los fundamentos mismos de la Iglesia.
Bajo tu protección queremos ser también los apóstoles de esta hoy tan necesaria unidad de oración y de amor al Papa, para quien Te suplicamos una especial protección.

Finalmente Te prometemos conducir a las almas con las que entremos en contacto, en cuanto nos sea posible a una renovada devoción hacia Ti.

Conscientes de que el ateísmo ha hecho naufragar en la fe a un gran número de fieles, que la desacralización ha entrado en el Templo Santo de Dios, que el mal y el pecado invaden cada vez más el mundo, nos atrevemos a levantar confiados los ojos a Ti, Madre de Jesús y Madre nuestra misericordiosa y poderosa, e invocar también hoy y esperar de Ti la salvación para todos tus hijos, oh clemente, oh piadosa.

CONSAGRACIÓN DESDE EL VIENTRE MATERNO

María, como un embrión que se va gestando en el vientre de su madre, me vengo a colocar en tu vientre bendito en un acto de amor y de obediencia a la Voluntad del Padre, mi Señor Jesús, que me dice: «hijo ahí tienes a tu madre».

Con este fin te consagro cada uno de mis órganos, miembros, sentidos y potencias: el entendimiento, la memoria y la voluntad, el inconsciente y subconsciente. Te consagro cada uno de los dones, virtudes y carismas con que el Padre creador ha adornado mi ser: mi libertad, mi imaginación, mis instintos, mi capacidad para amar y para elegir, mi capacidad de movimiento, los tiempos y espacios en que transcurrirá mi existencia.

Te consagro todo lo que ha de ser mi niñez, mi adolescencia, mi juventud y mi madurez. Aprenda a caminar de tu mano hacia Dios. Aprenda a reír, a encontrar el conocimiento y el sentido de una lágrima, aprenda en Ti a triunfar y fracasar; a esperar, a escuchar y respirar, a mirar y gustar y así no caer en el desorden de los sentidos.

Crezca, Crezca, pero no yo sino tu Hijo bendito en mí, para que todo mi ser vaya creciendo igualmente en la fe, la esperanza y la caridad, en amor hacia mi Padre Celestial, hacia mis padres en la tierra, comprendiéndolos, respetándolos desde su propia historia; crezca en amor hacia todos mis hermanos en el mundo, en especial hacia los más pobres y desamparados.

Crezca en mi tu pureza, tu castidad y tu virginidad. Hazme crecer en la justicia, la sabiduría y la prudencia para ser un joven y más tarde un hombre verdaderamente libre, verdaderamente feliz, no una víctima de los vicios, idolatrías y esclavitudes... de la muerte en vida. Mi condición futura: soltería, matrimonio, viudez o vida consagrada, de estudiante, trabajador, profesional o ama de casa, sea vivida en perfecta armonía con mi Padre del Cielo, no haciendo idolatrías de ninguno de estos estados de vida, como tampoco de los dones, gracias y carismas que Dios a través de Ti vaya desarrollando en mí.

Haz crecer también en mí el amor y el deseo que tuviste en el hacer siempre la Voluntad del Padre, al igual, que en la fortaleza para aceptar de Dios no solo los bienes, sino también los «males» (cf. Job 1, 21: 2, 10), y la sabiduría para entender que no son males, porque un Padre no quiere el mal para sus hijos.

Y por último Madre, coloco en tu Corazón Inmaculado mi vejez. Ensáñame a envejecer, a vivir con ánimo seguro y confiado este bello momento de la vida, como Tú lo viviste, confiando en el Padre, no en los hombres o en las dificultades de la vejez; y si alguna vicisitud surgiera en ella, poderla afrontar con entereza de ánimo como un digno Hijo de Dios, como un verdadero Hijo tuyo, con espíritu de oblación y sacrificio, de Eucaristía, como tu amado Hijo, mi Jesús; y no sea yo, sino Él en Mí.

Y junto a la vejez, te consagro también a mi hermana muerte corporal. Sea ella una continua experiencia de vida en Cristo, un morir para vivir, Y en el último suspiro, sea tu Hijo Jesús, su cuerpo místico expirando en mí, muriendo en mí a todo lo que no sea de Dios. Y en ese bello momento seas Tú dándome a luz para la vida eterna, para la Nueva Jerusalén, para el abrazo final del Padre.

En fin Madre, que mi experiencia de vida cristiana sea un hundir mis raíces en Ti, respirar en Ti: Tierra Nueva, para que entrelazadas mis raíces a tus raíces, tus propias virtudes, pueda obtener de ti el fruto bendito de tu vientre: Jesús. Amén. Amén

CONSAGRACIÓN A MARÍA

Virgen María, Madre mía, me consagro a ti y confío en tus manos toda mi existencia. Acepta mi pasado con todo lo que fue. Acepta mi presente con todo lo que es. Acepta mi futuro con todo lo que será.

Con esta total consagración te confío cuanto tengo y cuanto soy, todo lo que he recibido de Dios. Te confío mi inteligencia, mi voluntad, mi corazón. Deposito en tus manos mi libertad; mis ansias y mis temores; mis esperanzas y mis deseos; mis tristezas y mis alegrías.
Custodia mi vida y todos mis actos para que le sea más fiel al Señor y con tu ayuda alcance la salvación.

Te confío ¡Oh María! Mi cuerpo y mis sentido para que se conserven puros y me ayuden en el ejercicio de de las virtudes. Te confío mi alma para que Tú la preserves del mal. Hazme partícipe de una santidad igual a la tuya: hazme conforme a Cristo, ideal de mi vida. Te confío mi entusiasmo y el ardor de mi juventud, para que Tú me ayudes a no envejecer en la fe. Te confío mi capacidad y deseos de amar. Enséñame y ayúdame a amar como tú has amado y como Jesús quiere que se ame.

Te confío mis incertidumbres y angustias, para que en tu corazón yo encuentre seguridad, y sostén y luz, en cada instante de mi vida. Con esta consagración me comprometo a imitar tu vida.

Acepto las renuncias y sacrificios que esta elección me comporta, y te prometo, con la gracia de Dios y con tu ayuda, ser fiel al compromiso asumido.

Oh María, soberana de mi vida y de mi conducta, dispón de mí y de todo lo que me pertenece, para que camine siempre junto al Señor bajo tu mirada de Madre.

¡Oh María! Soy todo tuyo y todo lo que poseo te pertenece ahora y siempre. Amén


OTRA CONSAGRACIÓN CORTA TRADICIONAL

Bendita sea tu pureza
y eternamente lo sea.
Pues todo un Dios se recrea
en tan graciosa belleza.

A ti Celestial Princesa
Virgen Sagrada María
yo te ofrezco en este día
Alma, vida y corazón.

Mírame con compasión
No me dejes Madre mía

CONSAGRACIÓN AL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Adorable Corazón de Jesús, el más tierno, el más amoroso, el más tierno de todos los corazones. Lleno de gratitud ante tus beneficios, vengo a consagrarme enteramente y sin reservas a Ti. Permíteme ser dócil instrumento para hacer tu Divina Voluntad.

Deseo dedicar todas mis fuerzas a ganar en todo lo posible todos los corazones para Ti.

Recibe hoy mi corazón, Oh Jesús. Más bien hazte cargo del mismo, cámbialo, purifícalo; hazlo digno de Ti, humilde , tierno, paciente, fiel y generoso como el tuyo, inflamándolo con el fuego de tu amor. Guárdalo en tu Divino Corazón, junto con todos los corazones que te aman y están consagrados a Ti. Antes prefiero morir que herir tu adorable Corazón.

Tu sabes, Oh Corazón de Jesús, que el deseo de mi corazón es amarte siempre y ser todo tuyo en vida y en a muerte, en el tiempo y la eternidad. Sacratísimo Corazón de Jesús, ten misericordia de mí. Sagrado corazón de Jesús, en Ti confío

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